Fuzztones, la crónica.
Hoy contamos con la colaboración especial de mi querida bloguermana, que no se pierde un concierto de Fuzztones, banda mítica que lleva 27 años facturando el mejor rock garagero. Ahí va una cronica muy personal del concierto que dieron en la sala BeCool de Barcelona, el 17 de Abril, en la que parece ser su última gira europea.
El principio.
Pues en el principio principio (del día de ayer) yo me fui por la mañana a clase de yoga y salí de allí como si pesara menos que antes de entrar, recorriendo las calles de Tarragona con una sonrisa, sintiéndome de maravilla y anticipando el placer de vivir un concierto de los Fuzztones, que ya sabéis que soy «fans» —así, en plural—. Total, que llegué a casa y la verdad, poco trabajé, porque me apetecía más escuchar música (una de las ventajas del autónomo; ya pringaré el finde si hace falta…).
Al medio día nos pusimos en camino Flechita y yo, porque, a parte de que a las dos nos gusta llegar a los conciertos prontito y ver bien cómo se cuece todo, aún teníamos que comprar las entradas y ella quería ver si tenían un dvd que lleva tiempo buscando. En el coche fuimos escuchando «LSD 25», que es un disco recopilatorio de los Fuzztones que precisamente les compré en el concierto del año pasado en Madrid. Por cierto, ese disco no tiene desperdicio y lo recomiendo si no tenéis nada de ellos.
Una vez en Barcelona,
siguiendo las indicaciones que nos imprimimos del «vull anar», llegamos a la calle Tallers, donde está la tienda donde vendían las entradas. Fuimos directas para allá porque yo ya estaba un poco nerviosa por aquello de andar sin entrada la misma tarde del concierto. Y resulta que ya no quedaban :0
Encima, entramos a una tienda de al lado en busca del dvd de Flechi, y ¿qué estaba sonando? Los Fuzztones. Yo ya de los nervios pensando que nos quedábamos sin entrada. Flechi no encontró el dvd y nos fuimos para la sala a ver cuando abrían la taquilla.
Antes de las siete estábamos allí, la sala cerrada, por supuesto, y ni rastro de horarios de apertura ni nada. Al lado, un pub irlandés. Nos pasamos a tomar un café. Detrás de mí estaba sentado un chico a quien no podía ver, pero sí escuchar, que hablaba por teléfono y por lo que decía parecía de la organización. Estaba pensando volverme a preguntarle cuándo abrían la taquilla, cuando aparece por la puerta su interlocutor telefónico haciéndole señales para que saliera. Sale, y detrás voy yo, y ¿qué ven mis ojos?
Una furgoneta negra
que aparca ahí mismo, en la puerta del bar. Empiezan a salir Fuzztones de la furgoneta, uno tras otro, y se apresuran hacia la puerta trasera de la sala. Sonrío pero no les digo nada.
Le pregunto al de la organización por las entradas y me dice que ya iban a abrir. Me acomodo apoyada en un coche enfrente mismo de la puerta dispuesta a esperar pacientemente. Aparece un fuztón de ojos azules al que no identifico, aunque era evidente que era un fuztón porque llevaba el famoso chaleco con el logo. Se queda un minuto o dos en la puerta de la sala curioseando los carteles. Le saludo, «hola, qué tal». «Bien, ¿y tú?» «Muy bien». Intercambio de sonrisas de buen rollito
«¿Después vais a vender cds?» (los cds de los Fuzztones no suelen abundar en las tiendas). Me dice que sí, que cds, camisetas, vinilos… Digo, «genial». El fuztón dobla la esquina hacia la puerta trasera y yo sigo ahí apoyada en el coche y curioseando cómo descargan los trastos de la furgoneta. Al cabo de un rato, el de la organización se me acerca, se saca un librillo de entradas y me dice, venga, ya te la vendo aquí que te estoy viendo ahí sufriendo. Así que al fin, con las entradas en la mano, vuelvo al bar, donde me esperaba Flechita con el café y el periódico. Y ya con ellas bien agarradas, decidimos dar una vuelta hasta las nueve y acabamos en la sección de discos del corte inglés (donde yo pesqué el del elbicho II de oferta).
Cuando volvimos, cerca de las ocho y media, la sala seguía cerrada. Nos metimos al irlandés a comer algo para no estar todo el concierto con el estómago vacío. Cuando estábamos comiendo veo pasar a Lana Loveland (la fuztona, que toca el órgano). Cuando voy a coger servilletas me doy cuenta de que estaban todos los del grupo en la puerta del bar, y al cabo de un rato entraron. Como ya se acercaba la hora, había más ambientillo, y mientras se acomodaban para cenar, unos cuantos se hicieron fotos con el Rudi (el cantante). Yo quería hacerme (con el móvil, porque cámara no llevábamos), pero al final le entretuvieron mucho y el hombre creo que se empezó a agobiar y pensé, «me quedo sin foto, pero lo importante es que ya tengo entradas para el concierto…». Mejor dejarles cenar tranquilos…
La sala la abrieron bastante tarde,
todo el ambientillo estaba en el bar. Desde la acera, donde nos sentamos porque dentro del bar hacía bastante calor, veíamos a la gente llegar, acercarse a la puerta de la sala, que seguía cerrada a cal y canto, y de ahí al bar. En cuanto abrieron fuimos para adentro para pillar buen sitio. Flechi, que iba más por acompañarme porque a ella no le gustan especialmente, se pilló un taburete en una esquinita de la barra. Fui a donde vendían el merchandising y me pillé una camiseta (ya hacía tiempo que la quería) y dos vinilos. El mítico «Lysergic Emanations» y el single de «Bad News Travels Fast», que solo por el diseño ya merecía la pena. Después del concierto me compré un vinilo más, «Boom», que recoge todos los temas que los Fuzztones han tomado de los Sonics, incluidas algunas de las más famosas, como «Cinderella» y «Strychnine» (cuyas versiones originales yo nunca he escuchado, por cierto). Pero hasta que no instalemos el plato me quedo con las ganas de escucharlo… Me fui al baño a probarme la camiseta y me la dejé puesta.

la camiseta que me compré

el resto de adquisiciones… y firmados
Los teloneros
fueron tan malos que no me voy a molestar siquiera en mencionarlos. Digamos que los soporté pacientemente. Cuando dijeron que se iban, me fui acercando al mogollón, porque un concierto de los Fuzztones no es para vivirlo desde la barra. Imposible. Podría haberlo intentado, pero tarde o temprano habría acabado yéndome a la pista. La atracción es demasiado grande.
No recuerdo bien con qué canción empezaron, pero todavía no estaba el Rudi. Eso sí, metiendo caña desde del principio, y bueno, no dieron tregua. En todo el concierto no tuve tiempo de mirar el reloj, ni de acordarme de él siquiera, ni de pensar en ir a pedirme una cerveza ni al baño ni nada. No nos dejaron ni respirar
Después de la intro,
Rudi apareció como siempre triunfal y sonriente, consciente de su atractivo, y lo más sorprendente: con él entran tres tipos vestidos con trajes negros y gafas de sol que se sitúan detrás del guitarra y bajo, junto a la batería. Eran un trompeta y dos saxos. ¿Qué me decís a eso? ¡Yo eso sí que no me lo esperaba! Bien, pues la sección de viento o «caiga quien caiga» lo hicieron muy bien. Muy poco protagonismo (más hubiera desentonado) pero quedaba bien cuando reforzaban algunas melodías. Además hacían coros y tocaban la pandereta en algunas, y en general hacían que el sonido fuera más contundente y más rico. En mi opinión. Luego también daban un toque de humor, por lo menos a mí me hacían gracia, los tres super serios y sin moverse hasta que les tocaba, y en alguna ocasión bailando como las típicas «chicas de los coros». Después pude comprobar que eran tres chicos bastante jóvenes.
También eran bastante jóvenes el guitarra y el bajo, a quienes yo no conocía. No eran los mismos del año pasado. El bajo era aquel con quien hablé en la puerta. Tenía unos ojos azules y mirada penetrante y simpática. Llevaba un turbante negro, camisa de lunarcitos, collar de huesos y el archiconocido chaleco fuzztonero. Lo tenía muy cerca. Casi todo el concierto estuve en segunda fila, el último ratillo en primera. El guitarrista era un tipo delgado que sonreía constantemente y ponía caras de placer y flipe, no se sabía si estaba disfrutando más él o nosotros. El batería, Mad Mike, había formado parte del grupo hacía años según explicó el Rudi. A parte de que se notaba que pilotaba que no veas (y, al igual que el guitarra y el bajo, era evidente que estaban disfrutando mucho y tocando con muchas ganas y mucha energía), solo verle la cara al personaje ya valía la pena la entrada
Imaginaos una mezcla de Juan Tamariz y «el Drogas» de Barricada. Es lo más que puedo acercarme a la descripción de este tipo. Además, apoyaba a Rudi en la tarea de presentar canciones, bueno, la verdad es que las presentaciones propiamente dichas las hacía Rudi, gran maestro de ceremonias, pero el batería de vez en cuando intervenía y entre los dos se reían. Había muy buen rollo, o al menos eso parecía. Y me queda Lana. Bueno, Lana en los conciertos no se mueve demasiado, pero también, solo ver la pinta que tiene… es una chica menuda con muy buen tipo, con una estética tipo «Clara… de noche» (personaje de cómic que sale en eljueves). De arriba creo que era un corpiño, pero de abajo llevaba nada menos (y nada más….) que un tanga negro, unas medias color carne como con bordaditos y unas botas. Y un cinturón ancho, y NO es un decir (si no, de qué voy a saber yo que llevaba un tanga negro…). Y el Rudi… bueno, es que no necesita descripción ni presentación. Es Rudi Protrudi, ¿qué más quieres saber?
Como os decía, el concierto fue muy cañero.
No se cuánto tiempo tocaron porque ya os digo que perdí la noción del tiempo, pero yo calculo que pasaron de las dos horas. No eché en falta ninguna canción, bueno sí, me hubiera gustado oír «Charlotte’s remains», pero la verdad es que de las que tienen más lentas, que son pocas, solo tocaron «she’s my witch». Una canción tras otra se sucedían sin apenas tiempo de dar un grito de satisfacción (aunque yo pegué los míos…) y desde luego sin dar lugar a que bajara el ritmo cardíaco. Empezaron ya bien, pero al cabo de algunas canciones, cuando el flequillo de Rudi ya se veía sudoroso, aquello era una fiesta. El guitarra, el bajo y el batería, pasándoselo como enanos, porque era evidente. Rudi cada vez más en su salsa, y aguantando el tipo bien aguantao por mucho que alguno le gritara «abuelo» desde el público. Y nosotros, el público, disfrutando mucho, bailando y yéndonos cada vez más hacia delante. Yo no podía dejar de bailar, era una tras otra y sin parar. A ratos no veía lo que pasaba porque cerraba los ojos para sentir mejor la música.
Me gustó mucho cómo tocaron «Don’t blow your mind», que es una de mis preferidas, aunque me cuesta mucho decidirme porque este grupo tiene muuuuchas canciones muuuuy buenas. Y cuanto más las escucho, más me gustan. Esta canción tiene de particular que tiene unos cambios de ritmo muy marcados que se van repitiendo, partes rápidas y muy energéticas con su órgano psicodélico y de repente parones en los que la batería y las guitarras se ralentizan como si dieran cuatro pasos pesados… y vuelta al ritmo energético. No os la perdáis. Está en el disco «Salt for zombies», que es el último de estudio si no me equivoco y que es muy muy bueno. También hay bastantes que son versiones, pero es que los Fuzztones son especialistas en hacer versiones que superan el original. Aunque «Lysergic Emanations» es un disco mítico y contiene joyas como «Ward 81», «Strychnine», «Cinderella»... si tuviera que elegir uno forzosamente, me quedaría con «Salt for zombies». Siendo mucho más maduro, no se echa en falta la frescura y la macarronería natural fuzztonera, y tiene canciones tan buenas o más como las que acabo de mencionar. Yo destaco «Johnson in a headlock», que es la caña absoluta (imposible escucharla y estarse quieto), que por cierto en el concierto utilizaron para hacer las presentaciones, enganchando después con la parte que dice «do you feel it… ». También están entre mis favoritas y a destacar en el disco «Get naked» y «Idol chatter», donde se dejan sentir influencias de los Doors y lo más psicodélico de los Beatles (aunque desde luego no son las únicas en esta onda), y «Black lightning light» un tema menos energético en el sentido de que no te hace saltar como loco en plan «Johnson in a headlock», sino que es más oscuro, un poco en la línea de «Ward 81», con las partes cantadas bordadas de sonidos de guitarras un poco informes —si es que alguien entiende lo que quiero decir—, partes instrumentales que rozan el trance con un ritmo contenido y donde el bajo, palpitante, cobra protagonismo, sazonado con otros sonidos de fondo más o menos desordenados, que no sé describir, pero que dan un aire inquietante. Trance que se rompe cuando Rudi retoma la canción con la frase «raise your voice in anger to the sky» (o eso entiendo yo), qué gran momento. Precisamente con este tema en el concierto, alargando la parte trance un buen rato y además incluyendo las intervenciones de la sección «caiga quien caiga», que adornaba el trance bajo-batería-guitarra con frases un poco discordantes de trompeta y saxo, como escaleritas inquietantes (para explicar esto mejor necesito las manos y la boca, como escritora no doy pa más). Bueno, para mí fue un lujo poder disfrutar de este momento trance a medio metro de ellos, escuchando y observando ávidamente cómo se comunicaban entre ellos con miradas, como se iban acercando unos a otros, se agachaban, apuntaban al público con la guitarra como para repartir energía y ponían unas caras que parecía que estuvieran teniendo el orgasmo del siglo. Y así me sentía yo
Estaba poco menos que eufórica
porque a ver, por un lado, ya lo he confesado: este grupo me encanta, creo que son muy muy muy buenos, muy personales, qué coño… ¡son únicos! y tienen unas canciones que me llegan directamente a las entrañas y me hacen saltar, bailar, gritar y reír como si tuviera quince años. A eso le sumamos que a mí, ya de por sí, los conciertos me encantan. Y que este concierto estaba siendo muy bueno, que lo estaba flipando. Estaba sudando de tanto bailar y cuando dejaron los instrumentos y se metieron para dentro no pude menos que gritar «¡¡¡sois los amooooos». Y bueno, el resto de la gente tampoco estaba dispuesta a que la cosa quedara así, así que lo típico: gritos, berridos, silbidos, pataleos… y después de hacerse un poquitín de rogar aparecieron el batería, el guitarra y el bajo y tocaron uno o dos rocanroles de estos super rápidos energéticos geniales. Después ya salieron los demás y explicó Rudi que iban a tocar varias versiones de un grupo al que siempre han admirado, los Sonics, y allá que fueron, energía en estado puro, y se marcaron un popurrí de varias canciones de los Sonics (las que están en el album «Boom») que tampoco daba ocasión a recuperar el resuello.. No sé si tocaron alguna suya más o se fueron otra vez para dentro. Pero todos queríamos más y aún no habían tocado «Cinderella» ni «Strychnine»... así que… tenían que volver
Seguimos dando guerra,
yo ya en primera fila, sudorosa y completamente eufórica. El bajo se asomó por la puertecilla e hizo un gesto con la mano de «venga, más bulla, más bulla, que a lo mejor lo conseguís», y claro, ya fue un no parar de gritar y silbar hasta que volvieron a salir. Se les veía en la cara que estaban contentos, estaba yendo todo muy bien y la gente estaba como loca. Y en esta ya sí última parte fue cuando acabé guardándome las gafas en los bolsillos porque entre las sacudidas en forma de oleadas que empezaban a originarse y mis propios bailes eufóricos por poco se me caen. Y entonces, mientras cantaban «Cinderella» y en la pista estábamos como os cuento, el Rudi invitó a subir a los de delante, y allí que me lancé con mis gafas en los bolsillos a mover los pelillos con otros tres flipaos. Uno se me agarró y casi nos caemos y se lía así que después de un minutito de gloria, un tipo por detrás nos hizo bajar y seguimos bailando abajo. Y para terminar, «Strychnine». Los que conozcáis esta canción estaréis de acuerdo conmigo en que difícilmente se puede elegir un mejor acorde final que el último organillo tipo «familia monster» con que acaba esa canción. Rudi se despidió diciendo que se lo había pasado tan bien que se sentía como si tuviera dieciocho años y yo le creí. Entonces volví a mi Flechi, que me esperaba en la barra, sentadita y cuidándome los vinilos, la chaqueta y el bolso, y me dijo que el concierto le había gustado y que me había visto cuando me subí al escenario
Después estuvimos esperando para que me firmaran los discos y saludar al grupo. Nos fuimos antes de que saliera el Rudi, que se tomó su tiempo para refrescarse, pero Lana le pasó los vinilos y me los firmó, y los demás me lo firmaron ahí, así que tuve ocasión de darles las gracias por el peazo de concierto, de quejarme de que no vayan a hacer más giras europeas, de hacerme fotos con el guitarra y el bajo (me las hizo una chica y se quedó mi e-mail, espero que sea legal y me las envíe). Y nada, con un poco de penita me despedí del bajista, que me había encandilado con sus ojos azules, su turbante y su acento alemán al hablar inglés. Me habría quedado más rato por allí, pero Flechita madrugaba hoy y no quería abusar de su bondad. Así que al coche y de vuelta a casa, más feliz que un regaliz.











